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domingo, 22 de agosto de 2010

LA HERENCIA DEL PRESIDENTE ÁLVARO URIBE VELEZ



Todos los colombianos, en especial aquellos que apoyamos con nuestro voto al Dr. Juan Manuel Santos, para elegirlo como presidente de la república; estamos a la expectativa de sus acciones de gobierno, con la esperanza de mejorar.
Sus propuestas y planteamientos de gobierno, su madurez y seriedad,  su experiencia como hombre público en diferentes cargos y su  excelente comportamiento como ministro de defensa al lado del Dr. Álvaro Uribe Vélez; fueron razones de peso, para que muchos de nosotros depositáramos nuestra confianza en él.
Incluso  pensamos, en que no solo continuaría con las magníficas políticas del Dr. Uribe, a quien dijo siempre admirar, respetar y reconocer sus capacidades de líder; sino que corregiría los errores cometidos en su mandato, y en que además aportaría nuevas y excelentes estrategias.
Así pues la esperanza, la expectativa y el optimismo que giran en torno a su gestión son muy grandes. Sobre todo a raíz de su propuesta de un gobierno de unión y de participación nacional, en el que se pueda desarrollar plenamente una total democracia, con el concurso de  todos los partidos políticos, todos los estamentos del país y todos los ciudadanos.
Aunque suene fantasioso, sería posible a que a través del esfuerzo, de la cooperación, de acciones y conductas  honestas y de mucho compromiso por parte de todos,  los colombianos pudiésemos seguir  creciendo y mejorando.
Al fin y al cabo en el gobierno anterior, se dieron  grandes y trascendentales cambios, que si bien no se constituyen en la solución a todos nuestros problemas, por lo menos sí representan la semilla de una política diferente a las que hemos estado acostumbrados,  basadas en la corrupción, en el clientelismo, en la impunidad,  en las marcadas diferencias sociales, en la tolerancia al delito y a sus instrumentos, en la indiferencia por parte del estado hacia sus nacionales y por parte de los ciudadanos hacia el comportamiento de sus gobernantes.
Con el gobierno del presidente Uribe se dió origen a una verdadera revolución social y moral.  Pese a todas las dificultades y a los furiosos ataques por parte de individuos, organizaciones y esquemas malsanos, posicionados y enquistados en todas las estructuras del país, la semilla del cambio continúa germinando.
Ahora todos y cada uno de los Colombianos nos interesamos y nos preocupamos  por la política de nuestro país, por cada una de las acciones gubernamentales, por el comportamiento de los diferentes poderes.  Ahora sabemos y reconocemos que tenemos derechos y que juntos conformamos una nación que nos ofrece alternativas para participar de la democracia, que no debemos ser pasivos, que no debemos tolerar aquello que nos hace daño, que no debemos ignorar lo que sucede con nuestra patria dentro y fuera de ella.
Es como si hubiésemos recibido una gran lección del parte del Dr. Álvaro Uribe  a través de su mandato. Lección que nos llevó a abrir los ojos y a convertirnos en ciudadanos activos y exigentes ante el sistema gubernamental.
Durante los ocho años del gobierno anterior,  pudimos vivir situaciones trascendentales que deberían cambiar  radicalmente la mentalidad de muchos de nosotros.
Por ejemplo: desde que tengo memoria, he conocido por el rumor popular y a través de  tímidas manifestaciones sociales y de algunos medios de comunicación,  sobre la corrupción dentro del congreso. Durante años hemos repetido como zombies, que los “honorables” congresistas son unos pícaros, que roban, que hacen contrataciones fraudulentas, que desangran al país. Que son mafiosos, que no trabajan y que en cambio sí  constituyen una enorme carga económica para la nación, que siempre son los mismos, que no son idóneos, etc.
Durante el gobierno que pasó, se sancionaron y encarcelaron a muchos de esos individuos, por la práctica de sus acciones delincuenciales directas e indirectas.  Pero además se creó un ambiente exigente y fiscalizador, tendiente a determinar quienes son aquellas personas que actúan de manera ilícita e irresponsable.  Y aunque en mi concepto, para depurar estos organismos, prácticamente se debería prescindir de la gran mayoría de ellos y castigarlos,  ya se dieron los primeros pasos. Ya está creada la inquietud, tanto en ellos como en nosotros los ciudadanos.
Por lo tanto si mantenemos la idea, llegará el momento en que el poder legislativo sea depurado y esté representado por personas honestas y trabajadoras, que realmente merezcan el apelativo de “Honorables”.

Otro claro ejemplo,  está representado en la presión ejercida hacia las instituciones buscando eficacia y eficiencia, tratando de controlar la desbordada burocracia que forma parte de nuestra cultura e idiosincrasia, exigiendo a quienes las conforman, resultados, compromiso y comportamiento ético.
Instituciones corruptas tradicionalmente, con estructuras antiguas montadas para ser instrumentos de explotación de los recursos de la nación, en beneficio de unos pocos. Grave problema, con enorme dificultad de superación, pero que poco a poco lograremos superar.
Durante el gobierno del Dr. Uribe se trabajó ampliamente en este tema, lo cual por supuesto, aumentó el número de opositores y enemigos del presidente, todos aquellos que veían vulnerados sus intereses personales.
Aparece como una mancha, el desafortunado manejo que se le dió al plan: Agro ingreso seguro, en donde evidentemente se presentó un aberrante caso de corrupción y malos manejos de los recursos del estado, por parte de la cartera encargada. Lo cual los detractores y enemigos del gobierno  esgrimieron y esgrimen aún,  como argumento para atacar y degradar a la persona del Dr. Álvaro Uribe Vélez y  su gestión, pretendiendo ignorar la verdad sobre su éxito,  efectiva y sana presidencia.
Recordemos que no todo está bien y definitivamente solucionado,  pero lo que nadie puede desconocer, es que todo está mejor y con tendencia a mejorar.

En cuanto al orden público ni hablar,  la situación de seguridad del país cambio totalmente, los colombianos nos sentimos más seguros. El control por parte de la fuerza pública es notoriamente mejor, aunque no total. La confianza por parte de la ciudadanía en las autoridades es mayor. La confianza de los extranjeros hacia nuestro país es muy alta, lo que se refleja en la inversión y en el mejoramiento de nuestra imagen en el mundo.
Con respecto a los casos de falsos positivos, que afectan directamente a muchas desafortunadas familias y por supuesto a toda la sociedad colombiana, estos no son el resultado del gobierno del Dr. Álvaro Uribe,  por el contrario durante su mandato, se procedió a investigar y a castigar a los culpables.
Desde hace muchos años los colombianos hemos conocido de estas prácticas que involucran no solo a miembros de las fuerzas militares sino  a todos los organismos de seguridad del estado; y siempre la actitud de los ciudadanos, de las autoridades y de los organismos de derechos humanos, fue pasiva y conforme.
Ahora es que se castiga y se exige  a los involucrados buena conducta y respeto por la vida.

Por otra parte, hablemos del amor por la patria, del nacionalismo, y del interés por la seguridad y el bienestar general.
Ha nacido en los colombianos de bien, a través de una actitud patriótica y valiente que nos ha transmitido el Dr. Uribe, un espíritu de unión, de prosperidad y valoración por el país,  de búsqueda de justicia y seguridad, de colaboración en la construcción de una gran nación.
De querer un país mejor, un país en el que podamos vivir buscando objetivos de desarrollo y progreso. No en el que estemos sometidos y vulnerados, por elementos violentos y poderosos que a través del terror, conviertan nuestro territorio en el escenario de sus constantes prácticas delincuenciales y a nuestra gente en indefensos corderos, en espera del sacrificio y sometidos a la esclavitud  con el  poder de la violencia.
Como posiblemente estaríamos en este momento, si hubiese continuado como gobernante un hombre como el Dr. Andrés Pastrana, o si el poder estuviera en manos de un individuo como Gustavo Petro. No, ahora todos queremos libertad, queremos paz, queremos seguridad, queremos bienestar. Y estamos aprendiendo a actuar unidos, a pensar en conjunto y no de manera individual.
Realmente son muchas más las cosas buenas, que podríamos agregar con respecto al gobierno del Dr. Álvaro Uribe Vélez y que esperamos que nuestro actual presidente el Dr. Juan Manuel Santos, continúe promoviendo y respaldando. Pero que además fortalezca a nuestro país con nuevas y positivas ideas, que motive a sus colaboradores y a nuestros ciudadanos a seguir adelante en esta verdadera revolución moral, para que nos mantengamos firmes y adelante.
Debemos retomar los valores humanos que se han perdido, amar a nuestra patria y al prójimo, debemos pensar y actuar como verdaderos patriotas, con honestidad, con compromiso, con ética; planear el futuro y construir una hermosa, libre y fuerte Colombia.
No podemos echar para atrás.
Humildemente y con mucha fe, espero que el presidente Santos, no vuelva atrás y desperdicie ese gran esfuerzo y esa gran labor lograda y heredada a  él y a nosotros por el doctor Uribe, que además  ha significado mucho sacrificio para la nación.
Espero que el gobierno de participación nacional, sea una alianza firme y honesta que conduzca al país al mejoramiento y al fortalecimiento. Que no se convierta en otro pacto político para explotar a la nación por parte de unos cuantos privilegiados.
Esperamos que el presidente, continúe con firmeza solucionando problemas y educando al pueblo, que haga respetar nuestra soberanía y nuestros derechos, que actué como un hombre honesto y valiente, poniendo por delante el bienestar de la patria como es su compromiso y no su imagen personal.

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domingo, 1 de agosto de 2010


TOLERANCIA AL DELITO, MIEDO Y COMPLICIDAD
Aunque estos conceptos como fenómenos sociales, se presentan en todo el mundo; en algunos lugares con mayor o menor intensidad, y dependiendo de factores culturales, de condiciones económicas, de estructuras gubernamentales, de la educación, etc.
Existen regiones en donde siempre prevalecen. Lugares fértiles para el desarrollo de estas conductas  malsanas, en las que los hombres actúan movidos por la ambición, el egoísmo y la indiferencia.

Los seres humanos, no hemos aprendido las lecciones que nos han dejado la guerra, la injusticia y el poder desenfrenado.
Ni las enseñanzas religiosas, ni la filosofía o las ciencias humanas, ni la historia, nos hacen reaccionar, ante el inminente peligro del poder desbocado de hombres y naciones, que con sus pensamientos y acciones conducen a la sociedad por los caminos del debilitamiento y la destrucción.
Los resultados: hambre y miseria, subdesarrollo y descomposición social, pérdida total de las libertades, subyugación, salvajismo, anarquía…

Ejemplo contrario de ello, nos lo presentan algunos pueblos en el mundo, como es el caso de muchas naciones Europeas, que después de vivir dolorosas etapas, encontraron si no la solución a todos sus problemas, por lo menos la forma de convivir y de evolucionar hacia el desarrollo.
Después de conocer y sufrir el dolor, de alcanzar los más bajos niveles morales de vida, de soportar las condiciones económicas más negativas;  lograron restablecerse, buscaron mejorar sus condiciones de vida y consolidaron  estructuras sólidas, que les ofrecen una cierta y mejor estabilidad para la supervivencia humana.
Es cierto que son muchos años de historia, los que han llevado a estos pueblos a aprender a vivir de una manera equilibrada, armoniosa y productiva; pero pienso que todos los seres humanos, ya sea de manera individual o colectiva, tenemos la capacidad y las facultades para asimilar las experiencias propias y ajenas, para reflexionar acerca de los errores, para  estudiar soluciones, y para actuar organizada y conscientemente en procura del bienestar.
En pocas palabras, tenemos la capacidad para aprender a pensar y actuar inteligentemente. Esto supuestamente es lo que nos diferencia de los animales, e irónicamente, muchos de estos no dan claras lecciones de vida, de convivencia, de organización y de participación, etc.

Quiero resaltar expresamente el tema de Latinoamérica y especialmente de nuestro país Colombia.
Somos naciones jóvenes, con abundantes riquezas representadas en muchos recursos humanos y naturales, privilegiados en comparación con otros pueblos que adolecen de toda esta riqueza que poseemos;  pero que en cambio gracias a una actitud noble e inteligente, adquirida bajo diferentes circunstancias, gozan de mejores condiciones sociales y de vida que nosotros.
Pareciera que nosotros, no fuésemos  capaces de convivir, que no fuésemos capaces  de evolucionar. Que no quisiésemos o no pudiésemos aprender, que primasen  más sobre  nosotros, los defectos humanos que los sentimientos grandes y nobles.
Somos fáciles de incitar a la violencia, a la rebeldía y a la desobediencia social, al terror, a la maldad, a la indisciplina, a la injusticia, a la inconsciencia; pero en cambio difícilmente podemos aceptar el amor al prójimo, la honorabilidad, el compromiso, la equidad, las leyes, el orden, el liderazgo, etc.

En nuestras naciones americanas, se han propagado dos factores fuertes e influyentes, que han llevado a nuestras sociedades a una implacable descomposición y deterioro. Como lo son:            el narcotráfico y  el terrorismo.
El primero, el narcotráfico:  se estableció en nuestras vidas como un hálito de muerte, dejando a su paso enfermedad, marcadas diferencias económicas y sociales, anulación de sanos principios de vida y pérdida de los valores humanos, caos económico, quebrantamiento del orden social y político, desesperanza y desconocimiento de las leyes divinas y humanas.
Pero además, ha servido para alimentar y fortalecer al segundo fenómeno, el terrorismo: que recorre implacable los caminos de la humanidad, destruyendo todo a su paso y fundamentando el poder de la maldad.
El terrorismo está y actúa en todas partes, su finalidad única es el poder.
Sus herramientas: la política, las armas y la muerte.   Sus representantes:  líderes implacables, con facultades extraordinarias para dirigir y someter a las masas, con habilidades para multiplicar los recursos económicos a través de las actividades ilegales y delictivas, con capacidades mentales extraordinarias para inducir, convencer, manipular y atemorizar a las personas, conduciéndolos por los caminos del pensamiento y creencias que ellos representan.
Así fortalecen su extraordinario poder.  Porque muchas personas se acostumbran a estos comportamientos delictivos y resultan tolerándolos. Otros tantos, movidos por el temor son presa fácil de sus influencias, y algunos se unen en complicidad al mal, para satisfacer sus bajos instintos,  ambiciones e intereses personales.

Pienso que no está bien respaldar a los líderes del terror, ni sus acciones.
Pienso que hay que actuar con honorabilidad, con  dignidad y con valentía rechazando la maldad.
Debemos reflexionar, ser sensatos y conscientes para reconocer e identificar a los  verdaderos enemigos de la sociedad, de nuestras familias y de cada uno de nosotros.
Debemos actuar en comunidad, abandonando el egoísmo y el odio para hacer valer nuestros sentimientos,  para satisfacer nuestras necesidades, y para luchar por  nuestros derechos.
No debemos vendernos, no debemos temer, y mucho menos ignorar a la maldad.
Demos estar al lado de la justicia y quienes la representan para  apoyarlos.
Debemos recuperar y fomentar, los valores morales en nuestros hijos y en las generaciones venideras, y establecer radicalmente  sanos principios de vida.
Y debemos combatir a toda costa, no con armas, sino con nuestra actitud honesta y decidida,  a la maldad y a todos lo que la representan.