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viernes, 26 de julio de 2013

“ELLA ES UN SUEÑO”

Su luz brilló para mí,
opacando al sol
usurpando a la luna.

Me ofreció lo que yo quería
e hizo realidad
mis fantasías.

¡Que extraño escenario!
Apenas sí podía yo sentir…
Y me rehusé a pensar.

Mis emociones
volaron
hacia ella.

Jamás volví a mirar
en otra dirección.
Me convertí en un zombi.

Y mi cuerpo apenas palpitante…
Ausentes mis sentidos
pues se fueron con ella.

Y mi corazón
intangible, inmaterial.
Apenas un manojo de ilusiones.

Mi alma se fundió con la suya,
aislándome
de la realidad.

Solo quedaba de mí
el espíritu;
ese loco aventurero de amor

Que no dudó en arriesgarlo todo
por estar junto a ella
buscando el infinito.

Puedo escuchar aún
las dulces notas en serenata
de cuerdas y vientos.

Sus jadeos indescriptibles
de amor
y de pasión.

Percibo también su alucinante aroma
que anula mi voluntad
y embriaga mi piel.

Y el fuego que invade mi ser
quemándome implacable
castigando mi pecado.

He de recordar en silencio,
en mi soledad,
agobiado en la frustración.

El sabor mortal de su néctar,
sus trémulas caricias
y su sonrisa enamorada.

Así podré tenerla
infinitamente en mis brazos

y amarla, amarla, amarla.

martes, 16 de julio de 2013

“MI PARQUE DE DIVERSIONES”

Que infinito placer el que sentí aquella noche cuando deambulaba libre e inocente en medio de las estrellas. Sentía que estaba recorriendo el universo en la más completa calma. Lograba grandes distancias con solo imaginarlo, veía luces de todos los colores, esferas brillantes, resplandores, formas indefinidas, matices cambiantes.
Solo lograba inquietarme el correr del tiempo, aunque no podía verle, sabia que estaba allí y que pasaba veloz, más veloz que mi fantástica marcha.
Efectivamente yo tenia razón, en un abrir y cerrar de ojos se habían esfumado las alucinantes imágenes que regocijaban mi alma; sin embargo fue lo mejor, ahora me encontraba justo a los pies del sol, ese astro de fuego inmenso y hermoso que me ofrecía su luz y su calor sin medida y sin condiciones.
Yo le salude: Hola hermano sol, ¿de  donde vienes y adonde vas? Quédate por siempre aquí conmigo y calienta mi casa. Él, esbozando la sonrisa de su madurez me respondió: vengo desde el oriente, allá lejos donde ni siquiera alcanzas a divisar, pero hoy como todos los días llego hasta tu casa.
Siempre estoy aquí, allá y mas allá para ofrecerte el calor y la luz que tanto amas, para brindarte mi amor, para darte felicidad; esa es la esencia de mi existir, la que el universo reclama.
Me dirijo hacia el occidente, buscando sonrisas, escuchando alabanzas y plegarias, repartiendo  todo lo que puedo dar; no cambiaria lo que soy por nada. De mi destino soy feliz y supongo que tú también lo eres, pues me gustan los gestos de fascinación que pones cuando mis rayos tocan tu cara.
Ahora debo seguir mi camino porque todos me esperan con ansias.
No olvides que mañana temprano estaré aquí; pero por favor hombre, aunque sea mira al cielo, disfruta el espectáculo y da las gracias, te juro que no te pediré nada más. Hasta mañana.
Y entonces vi como lentamente el maravilloso astro emprendía su camino hacia el cielo mirándome a lo lejos, como haciéndome un guiño y manifestándome su amor; y decidí caminar por el campo, sin afán lleno de esperanza, y adivina  lo que encontré: encontré el rio más hermoso que jamás hubiera visto en mi vida, grande y caudaloso, alegre y bullicioso. Podía escuchar el dulce  tronar de sus aguas  a su paso andante regando la tierra, ofreciendo vida en abundancia, con sus mil colores cristalinos,  mostrando su gran poder y dibujando una sonrisa en su torrente calma.
Las flores cercanas parecían reír y emocionarse a su paso, el pasto radiaba verde de esplendor, las aves revoloteaban sobre él y cantaban, y los peces en fulgurante danzón saltaban. Era la más hermosa fiesta a la que haya asistido, interminable y espontanea. Realmente me sentí muy emocionado, sentí sed, sentí deseo de bañarme en sus aguas.
Y cuando me acerqué a él e  incline mi cuerpo, mi rostro se reflejo en el suyo cual espejo de fino cristal hecho de  magia; y mi espíritu volaba y mi cuerpo flotaba.
Le pregunte: ¿A dónde vas hermoso rio?  Al mar, respondió él, allá donde concluye esta hermosa aventura, la que disfruto todos los días de mi vida, la que comparto con todos y no dejaría por nada. La que me ofrece esta libertad  que me hace crecer, la que me convierte en fuente de amor y de esperanza. Vivo para ti, para mí, para todos; mientras lo quieras estaré contigo sin pedirte nada, suficientes son tu alegría y tu gratitud. Ahora debo seguir mi camino, pues muchos seres esperan a mi paso.
Y me quede mirando al rio, viéndolo perderse en medio de llanuras y montañas, viéndolo correr con la alegría de un niño, con la fuerza del hombre, con la gracia de una dama.
Quise quedarme allí con él o seguirlo, bañarme eternamente en sus aguas, pero decidí dejarlo libre y también reanudé mi marcha. Y caminé extasiado por senderos, por bosques y sabanas. Estaba perplejo disfrutando de tantas hermosas formas, de las paradisiacas imágenes que se esbozaban en las rocas, en las colinas, en las praderas, en las extensas y abundantes despensas de alimento que de la tierra silvestre brotaban.
Sentía el olor del campo, esa mezcla de aromas de madera fresca, de frutos maduros, de esencias florales, de olores animales; y las indescriptibles sensaciones que de la naturaleza emanan.  Y abracé fuertemente a un inmenso árbol y lo sentí mío, y me sentí tan pequeño como el átomo, y rodé jugando por la hierba sintiendo su humedad, acariciándome con su textura. Y la tierra me respondía fascinándome con cada imagen que me mostraba, llamándome, haciéndome sentir que ella era mi casa.
Ni siquiera tuve la necesidad de preguntarle nada a la tierra, me sentí el hombre más sabio del mundo, entendí sus intenciones, su bondad hacia mí, su eterna manifestación de amor; nunca me vi tan lleno de riqueza, entendí que  era mía y que algún día formaría parte de ella.
Entonces levante mi cara, y cual pudo ser mi alegría cuando miré al cielo y no pude encontrar limites a mi alrededor;  ¡como habría yo de olvidar todos esos tonos azules y blancos que me alucinaban!, esa paz que se reflejaba en cada espacio, en cada copo de nieve. Ese manantial de evocaciones, de sueños y de recuerdos que en él se dibujaban,  y todas esas locas ideas que se mecían en su infinita calma.
Sentí como si estuviera viendo a mi propia alma. Indescriptible, dulce y tranquila,  soñadora y sosegada. Me sentí vivo, entendí cuan pequeño y frágil soy, reconocí el diminuto espacio que ocupaba en la abundante y maravillosa granja.
Me embelesé al ver a los animales, sabios maestros que en su viva marcha me transmitían amor y  me enriquecían con su digna existencia y sus enseñanzas.
E increíblemente además de tantas satisfacciones, disfruté también  del aire, regalo de la vida, manjar invisible y delicioso que podía  respirar libremente, tomaba en cada bocado de él la vida, y me llenaba de amor a mi antojo, saciándome de  mi riqueza.
Y entonces aprendí sobre el infinito placer y toda la diversión que me ofrece el mundo, cuando le miro sin egoísmo y con amor.
Es así como puedo comprender la belleza de la vida, de mi vida, de la única oportunidad que me ofrece el todo para disfrutarla.

Pienso que siempre querré jugar en este mi parque de diversiones, mi participación ya esta destinada; mi boleto el amor, pasaporte eterno para gozar y no ambicionar nada…