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viernes, 29 de julio de 2011

“EL MAS RECIENTE ERROR DE LOS ELECTORES COLOMBIANOS”



Después de haber padecido durante más de cincuenta años las consecuencias del terrorismo a manos de guerrilleros, narcotraficantes desquiciados y elementos criminales independientes. Los Colombianos habíamos soñado durante los años 2002 y 2010, época en la que el doctor Álvaro Uribe Vélez fue presidente de la república, con la paz, la justicia, la estabilidad social, la seguridad, el desarrollo, la sustentación  y el crecimiento de todos nuestros recursos y valores.
El gran y revolucionario cambio que el Dr. Uribe pretendió dar y que inició, en contra de la corrupción en las instituciones, en la política y en los poderes legislativo y judicial; además de su enérgica y efectiva acción en contra de todos aquellos elementos que afectaban la seguridad, definitivamente cambiaron  la historia política y social en Colombia.
Para muchos de nosotros con él y sus políticas se abría un camino lleno de esperanza y de fe en la renovación y fortalecimiento de la nación. Incluso algunos que jamás se interesaron por la situación del país aprendieron a pensar democráticamente. Aprendieron a participar, a exigir, a mantenerse informados y a tomar parte (desde su posición) en los destinos de la patria.
Había llegado un hombre con ideas similares a las que quizás muchos de nosotros teníamos, pero con una capacidad y un valor insuperables para enfrentar él solo a todos aquellos elementos infractores, que a través de las practicas criminales actuaban por fuera de los parámetros de la ley; pero que además enfrentaba abiertamente y sin tregua a  todos aquellos que camuflados en las maquinarias políticas y en todos los estamentos públicos, sociales y morales han literalmente desangrado al país.
No es un secreto para nadie lo que ha ocurrido durante los últimos cincuenta  o sesenta años en la historia política de Colombia, tiempo durante el cual las maquinarias políticas de los partidos tradicionales, la izquierda, los movimientos insurgentes, la iglesia, la oligarquía Colombiana, algunos sectores de las fuerzas armadas, los medios, etc. Han mantenido un silencioso pacto en el que se unen a pesar de todas sus diferencias, para obtener beneficios comunes e individuales y en el que la única víctima es la nación. Sin darle la menor importancia al deterioro gradual de la gran estructura de nuestro país.
Mientras cada uno de ellos en medio de su egoísmo y deslealtad toma lo que necesita, agotando los recursos, debilitando las bases y  destruyendo los principios; la moral se debilita y tiende a desaparecer.
El esfuerzo de nuestros ancestros y de nosotros mismos en procura de un bien común para todos se pierde en la indiferencia y los recursos tangibles se agotan, se deteriora la sociedad.
Todos sabemos que es así pero nadie hace nada.
Reclamamos líderes, revoluciones, cambios. Pero cuando finalmente tenemos a uno como el Dr. Álvaro Uribe Vélez no lo respaldamos como es debido.
Somos egoístas, cobardes y pasivos.
Tal vez por esto fue que los colombianos, tomando el camino más fácil y aparentemente más seguro, elegimos democráticamente en las urnas al señor Juan Manuel Santos Calderón como actual presidente de la república.
“GRAN ERROR
Como niños, como analfabetas, como mansos corderos, aunamos nuestras fuerzas y depositamos todas nuestras esperanzas respaldando al señor Santos, con la convicción de que su mayor interés era el bienestar de la nación.
Creímos en su lealtad, en su honorabilidad, en su compromiso con el pueblo. Al fin y al cabo el siempre estuvo al lado del Dr. Uribe, compartió sus ideas y sus acciones. Él siempre manifestó abiertamente  su admiración, respeto y la total convicción de que sus políticas eran acertadas y justas.
El señor Santos parecía estar al lado de los buenos, del pueblo Colombiano, de las víctimas no de los victimarios.
Como resultado de este gran error electoral, el Dr. Santos quien simboliza a Judas Iscariote (falso y traidor) en esta historia política, destruyó todo el trabajo, todo el esfuerzo todo el sacrificio que el Dr. Uribe y  los colombianos hicimos, todos los logros.
Revertió un gran proceso ( incipiente) que ya se había iniciado de descontaminación moral en las instituciones del estado.
Abandonó el control, las posiciones estratégicas y el terreno conquistado a la delincuencia y a la maldad. Entregó y sigue entregando la soberanía del país.
Reinauguró el festín de los corruptos para compartir el botín que representa la nación. Repartió poder y sigue repartiéndolo a personas que no son idóneas y a criminales, fortalece cada vez más a los enemigos de Colombia.
Es tan grave el comportamiento del Dr. Santos moralmente hablando, que pareciera ser cómplice de todos aquellos elementos que se constituyen en enemigos a muerte del Dr. Álvaro Uribe Vélez, de sus colaboradores y de sus simpatizantes.
Con sus decisiones y políticas promueve y avala todo tipo de acciones temerarias y malsanas en contra del Uribismo y de su gran líder. Es claro que sus enemigos solo quieren hacerle daño, su objetivo es erradicar lo que no les conviene.
Es vergonzoso en lo que se convirtió el partido liberal a raíz del ataque frontal del Dr. Uribe a la corrupción, al clientelismo y a la politiquería.
Ni hablar del Polo democrático que no constituye más que una representación política de los terroristas, personas que a través de sus posiciones no aportan nada bueno al país y que solo manifiestan de manera permanente y enfermiza su odio hacia el Dr. Uribe. O que tal los medios de comunicación quebrantando la ética y la moral con sus comportamientos sucios sin objetividad sirviendo como instrumentos para los obscuros poderes.
El Dr. Juan Manuel Santos con su gobierno de unidad social, es el nuevo rey de la corrupción y del desdén hacia las verdaderas necesidades del pueblo Colombiano.
Ofrece a Colombia como un gran banquete a unos comensales de baja calaña y nulos sentimientos.

El día de mañana se levantara de la mesa en medio de aplausos cual orondo pavo, dejando el país más descompuesto que hoy. Y se unirá a la lista de ilustres expresidentes (seres despreciables) como lo son Gaviria, Pastrana y Samper.